Europa,  Raíz Barcelona

EL ARTE QUE CAMBIA LA PIEL DE COLOR

Grandes personajes de la literatura, la historia, el arte y también criaturas de mundos fantásticos,  cobran vida a los pies de la calle principal del centro de Barcelona cuando algún visitante curioso por su presencia los invita a interactuar.  

Las conocidas Ramblas de Barcelona se extienden a lo largo de un poco más de un kilómetro desde la concurrida plaza de Cataluña hasta el puerto antiguo de la ciudad. En cualquier momento del año que uno se tome algunas horas para pasear por allí, se encontrará con los mismos edificios históricos, las mismas tiendas, los mismos mercados y también los mismos artistas callejeros que la eligen diariamente como lugar de trabajo.

La Rambla de Santa Mónica, que se ubica entre la Plaza del Teatro y el Monumento a Cristóbal Colón, es el último tramo de todo el paseo y es el sitio destinado por el Ayuntamiento para que se ubiquen los maniquíes y estatuas vivientes. Hace aproximadamente 10 años, se encontraban por todo el paseo de La Rambla y cualquier artista podía montar su número allí, pero la actualidad para ejercer este trabajo es necesario solicitar una licencia con una duración de 3 años. La regularización adjudica 24 licencias que son otorgadas luego de un proceso de selección en donde se evalúa tanto la formación y experiencia, como la propuesta de vestuario del artista. Se admiten hasta 3 propuestas de vestuario y maquillaje, los que deben ser fabricación propia, y podrán exhibirse de manera alternada a criterio de la persona. Existen 12 puntos autorizados y se realizan dos turnos por día (mañana y tarde). Los puestos están identificados por placas empotradas en la acera que contienen un número identificatorio y, sobre de ella, años de historia, de cultura, de arte y literatura que contar.

“Llevo este trabajo en el corazón, en mi niñez veía actuar en la calle a mi padre y con el tiempo empecé a hacerlo yo. Mi primera actuación fue a los 17 años y desde ahí no paré”.

Cerca de las 16 horas del miércoles 3 de abril, Galileo Galilei ha terminado una jornada más de trabajo en La Rambla, lugar en donde ha montado su nuevo despacho. Se levanta de su banco, deja el telescopio en el escritorio, y se vuelve a convertir en un personaje más de nuestra imaginación hasta el siguiente día en el que le tocará regresar al presente una vez más. Luis Aguilar, oriundo de Ecuador, reaparece en su vida satisfecho y orgulloso, luego de haberse puesto en la piel del filósofo italiano durante esa mañana. Es habitual que mucha gente se detenga a interactuar con el y tomarse fotografías, sin embargo, no se lo ve cansado a pesar de la exigencia física que el trabajo implica. Treinta minutos le lleva prepararse y montar la escena, y tarda el mismo tiempo en quitarse el maquillaje dorado y la ropa que lo transforma en Galileo. Thomas Alva Edison también reencarna algunos días en el centro de Barcelona en la piel del ecuatoriano. “Galilei tiene mayor popularidad y aceptación por parte del público. Si este mes el Ayuntamiento me acepta estaré con un tercer personaje, mi próxima propuesta es el gran Atahualpa” cuenta el artista.  Y señala: “Llevo este trabajo en el corazón, en mi niñez veía actuar en la calle a mi padre y con el tiempo empecé a hacerlo yo. Mi primera actuación fue a los 17 años y desde ahí no paré”.

No existe información específica acerca de los inicios del arte de las estatuas humanas, sin embargo una de las teorías indica que en las festividades medievales del Renacimiento, grupos de personas montaban escenas que simulaban monumentos para sorprender las llegadas de los gobernantes de otras ciudades. Otra creencia apunta que se remonta a la Grecia Clásica, donde el disfrazarse tenía la finalidad de espiar al enemigo sin ser descubierto. En el mundo del cine, la primera vez que esta disciplina se hizo presente fue en 1945 cuando la actriz alemana Olga Desmond posó imitando obras clásicas de arte en la película “Les enfants du paradis”. Actualmente, es una práctica que puede encontrarse en diversos sitios.  Los artistas no sólo están presentes en el centro de Barcelona, sino también en otras grandes ciudades como Madrid, Buenos Aires, Lima o Ciudad de México, y en muchos casos es su única fuente laboral.

Diferentes motivos los han llevado a trabajar inmóviles dia a dia,  sin embargo a todos los une un inmenso amor por el arte. Al ser una manifestación cultural que involucra al espectador, los artistas se sienten cercanos al público y esto los motiva día a día a elegir ponerse en la piel de otra persona. “Lo importante es que el número funciona y se logre captar a la gente. Más allá de la estación del año en la que uno se encuentre trabajando, es importante tener la mente muy preparada” cuenta José Luis, colombiano que trabaja hace 7 años como maniquí. Y agrega: “Además, es un trabajo muy demandante en cuanto a lo físico, pero cuando uno ve la respuesta de la gente y cómo el público colabora, todo se vuelve más fácil y despierta las ganas para volver al día siguiente”.

El Ángel de La Rambla

Algunos minutos después de las 10 de la noche, algo sucede en La Rambla: un abrazo entre un ángel dorado y un gladiador que acaba de bajarse de su carro sorprende a los presentes y los hace vivir un momento encantador. Karen “El Ángel de La Rambla” y su marido, trabajan frente a frente hace 15 años y han tenido la oportunidad de asistir a eventos y concursos en diferentes países del mundo. La pareja, con dos hijos, dicen estar felices siendo estatuas vivientes, sienten pasión de poder entregar su arte y concuerdan en que les sería muy difícil tener que dedicarse a otra cosa. Este mes se abre una nueva convocatoria para conseguir las licencias en la ciudad para los próximos 3 años y ambos esperan poder seguir esparciendo su encanto por el centro de Barcelona.

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