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Entre princesas y dragones, Sant Jordi

La princesa y el dragón ya no son víctimas, ni una es rescatada ni el otro muere. La leyenda de Sant Jordi se ha adaptado al siglo XXI. Cada 23 de abril, Catalunya se llena de rosas y libros, pero estos últimos años también se ha llenado de relatos alternativos a la leyenda tradicional. Prueba de ello son las numerosas ilustraciones en las que los tres personajes son amigos, la princesa se apodera y el dragón no es el malo. En las aulas, los alumnos colaboran para elaborar una nueva versión de la leyenda, en la que la violencia y el patriarcado no tienen cabida.

Patrón de Catalunya desde 1094 y también de países como Bulgaria, Georgia, Inglaterra, Etiopía y Portugal, Sant Jordi es uno de los santos más conocidos del cristianismo. A pesar de que cada región tiene su propia narración, la leyenda sitúa los hechos en la villa de Montblanc o en la Capadocia. Es la poca información escrita de los hechos históricos sobre el santo, que lo convierten en una leyenda.

Representado tradicionalmente como un caballero, Sant Jordi encarna el sistema de valores de cada época a través de virtudes como la valentía y la justicia, pero también con otras más alejadas a la actualidad, como la castidad y el proselitismo de la fe cristiana. Con su caballo blanco, lucha contra el monstruo hasta que uno de los dos sale vencedor, escenificando la clásica dicotomía entre el bien y el mal.

A pesar de que en Catalunya se veneraba ya en el siglo VI, la leyenda de Sant Jordi se propagó sobre todo durante el siglo XI con la Leyenda Aurea de Iacopo de Varazze, en un contexto de cruzadas. La iconografía bizantina lo estableció como patrón de la caballería vestido con armadura romana y combatiendo un dragón, en base a las representaciones del emperador Constantino. El personaje se extendió por el resto de Europa, desde la península Ibérica hasta Georgia, pero también en el mundo musulmán, de donde tomó la forma legendaria de Caballero Verde.

Perdida la Guerra de Sucesión, el pueblo se interesó por la figura de Sant Jordi, y a partir de la época medieval se estableció una fiesta popular dedicada al santo. ¿Pero cómo llegó hasta la tradición actual? Cuenta la leyenda que cuando el caballero mató al dragón, de la sangre derramada salió un rosal, del que arrancó una flor para regalársela a la princesa. En el siglo XV se estableció la costumbre de regalar una rosa roja a la mujer amada. Ya en el siglo XIX y XX, las mujeres regalaban libros a los hombres, coincidiendo el 23 de abril con el día del libro.

En la actualidad, no solo se ha transformado la leyenda, los roles también se han adaptado al siglo XXI. Cada Diada de Sant Jordi, en Catalunya se regalan rosas y libros a las personas amadas, familiares y amigos, indistintamente de si son hombres o mujeres.

“No necesito que me salves”, dice la princesa al caballero. Para ella el dragón ya no es ningún enemigo, sino un ser a quien la sociedad marginó y con quien amistarse. Con su inteligencia y astucia es capaz de conseguir lo que se proponga.

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