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Europa

La importancia de la racionalización del viaje

El libro Viajes y viajeros. La aventura de viajar: desde los orígenes hasta nuestros días, propone un recorrido cronológico sobre el concepto de viaje a través de la historia de la humanidad. Los autores David Rull y Jordi Serrallonga reflexionan sobre las motivaciones de los viajeros en diferentes épocas, a partir de las cuales invitan al lector a descubrir el origen y la evolución de un concepto que en la actualidad asociamos básicamente al ocio y al turismo.

    Dividido en seis capítulos, el libro expone las causas que motivaron los desplazamientos de personajes históricos como Herkhuf, Heródoto, Ibn Battuta y Darwin, pero también de los animales y de los primeros homínidos, desplazados por supervivencia. Los Homo erectus fueron los primeros viajeros internacionales que, conscientes, se trasladaban en búsqueda de recursos naturales. La supervivencia dejó de ser el único motivo del viaje con el asentamiento del Homo sapiens y el inicio del Neolítico. A pesar de la aparición de nuevas motivaciones y tras seis millones de años de evolución humana, es interesante destacar que en la actualidad “la necesidad de supervivencia, sin duda, todavía mueve numerosos viajes y viajeros”.

    La economía con sistema de producción y el sedentarismo permitieron la realización de viajes en busca de bienes de prestigio, como los realizados por el egipcio Herkhuf en Nubia. En Egipto se desarrolló otro modelo de viaje, el que emprendió el griego Heródoto por el placer del conocimiento. En sus relatos se percibe la observación del “otro” y el afán por conocerlo:

“Heródoto no rechaza lo nuevo ni lo distinto sino que lo explora, se sorprende y lo describe con esmero y respeto. Cabe decir que es plenamente consciente de las diferencias que hay entre los distintos pueblos que descubre en sus viajes (…), pero opta por la vía de conocerlas y estudiarlas en vez de rechazarlas y combatirlas”.

    El musulmán Ibn Battuta, que viajó impulsado por la curiosidad y sus convicciones religiosas, narró la alteridad desde una vertiente diferente a Herkhuf y Heródoto, ya que no tuvo una observación “neutra ni imparcial ante la diferencia”. La comprensión del “otro” ha sido y sigue siendo una tarea importante en antropología. El francés Claude Lévi-Strauss entendió la búsqueda de la alteridad como algo totalmente necesario. De hecho, la comprensión del otro sigue siendo una tarea importante en el siglo XXI. Para poder narrar historias lejos de los prejuicios a los que estamos acostumbrados a ver en los medios de comunicación, es necesaria una autoconsciencia de uno mismo con el otro y un conocimiento de las culturas que va más allá de las diferencias.

   De entre todos estos viajeros motivados por el conocimiento, la religión y el comercio, aparecieron los naturalistas. Los viajes podían ser por misiones estratégicas, pero también por el sentimiento de descubrimiento y, con el tiempo, aparecerán personajes que viajaban por el mundo sin financiación ni afiliación política y militar, como Jordi Sabater Pi.

    A excepción del primer capítulo, en el resto se aprecia un elemento común: los relatos. La narración es “quizás el elemento que más une viajeros de diferentes procedencias e inquietudes” y la que nos ha permitido poder conocer y entender de formas distintas la historia. En este punto, cabe destacar la importancia de la racionalización del viaje, en la cual se procesa el viaje real para convertirse en un viaje racional a través de herramientas como la escritura, la fotografía o los vídeos. Es pues, gracias a que conocemos los relatos de aquello que han regresado, que hoy comprendemos el mundo de un modo diferente. Con todo, el regreso es una parte muy importante del viaje, en el que se pueden comprender cosas que en el terreno no se apreciaron.

    Darwin, tras su viaje a bordo del Beagle, no sólo cambió la historia de la ciencia, sino también la historia de la humanidad. En el libro, Rull y Serrallonga dividen el viaje de Darwin entre uno real, el que emprendió en 1831, y otro virtual, que inició con su regreso en 1836 gracias a las observaciones realizadas. De este concepto surge una reflexión interesante, ya que solemos asociar el viaje a un desplazamiento real, pero también se puede viajar con la mente. Por lo tanto, si se racionaliza el viaje, ya no es solo propiedad de aquél que se desplaza físicamente, sino también del que lo puede materializar a través de su imaginación.

    En base a lo expuesto anteriormente, si el viaje real no se racionaliza, solamente es desplazamiento. Por lo tanto, el viaje se convierte en algo cultural, imaginado e interpretado en el momento que se racionaliza. Los periodistas de viajes no solamente deben intentar transmitir conocimiento, sino que deben crear herramientas de conocimiento a través de productos culturales, que en la actualidad deben pensarse como productos multicanal. En consecuencia, se crea un triángulo interesante entre el periodismo, el viaje y la cultura, al que se le puede añadir elementos como la educación y el compromiso para enriquecer la experiencia. 

    Actualmente, la globalización y las nuevas tecnologías han permitido democratizar el viaje y que ya no esté solo al alcance de unos pocos. La asociación del viaje al turismo, e incluso al turismo de masas, han desdibujado la importancia del conocimiento cuando se viaja. Es por eso, que resulta interesante la recuperación del sentido original y del aprendizaje, sobretodo en el mundo de la comunicación.

    En conclusión, con un lenguaje y estructura sencillos, los autores consiguen acercar al lector un breve resumen de la historia de la humanidad a través de una práctica que actualmente ha adquirido muchos matices más que el original. Viajes y viajeros. La aventura de viajar: desde los orígenes hasta nuestros días proporciona las herramientas necesarias para poder crearse un imaginario y unos juicios propios sobre cómo entendemos el viaje y la narración de viajes hoy en día, ya que “viajar, sin duda, sirve para adquirir nuevos conocimientos y romper con ideas preconcebidas”.

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