África

La recogida de la cosecha

En esta obra Barley consigue dar un toque diferente al género ensayístico, ofreciendo una lectura divertida y amena que, a través de la ironía y de un uso cercano y coloquial del lenguaje, nos permite conocer la cultura del pueblo dowayo, además de hacernos partícipes de sus tórpidos progresos como antropólogo en el trabajo de campo.

La necesidad de llegar a sentirse un antropólogo pleno y respetado entre sus compañeros de profesión lleva a Barley a tomar la decisión de irse a convivir durante unos dieciocho meses con una tribu del norte de Camerún, decisión de la que se arrepiente como occidental en varias ocasiones durante todo ese tiempo, pues nos narra sus desgracias, enfermedades y malentendidos a lo largo de su estancia con ellos, mostrando su frustración más profunda, pero sin perder esa voluntad investigadora que le caracterizaa través de una observación participante en la que muchas veces, esa participación refleja la clara adaptación de los dowayos a su medio, resultando por el contrario, demasiado hostil para Barley viniendo de una ciudad Europea.

Muchas de estas confusiones derivan de la brecha cultural con los habitantes de este pueblo; la barrera idiomática como principal problema de comunicación lleva al autor a situaciones bastante comprometidas y embarazosas, así como la escasez de conocimientos culturales endémicos para poder interpretar los rituales y fiestas que realiza el pueblo dowayo con diferentes propósitos. Todo esto nos hace darnos cuenta de que el viaje va más allá del desplazamiento físico y que conlleva una necesidad de adaptación y conocimiento del medio y de la cultura que nos rodea para poder entender la esencia de los destinos en los que nos movemos, por lo que se hace necesaria una integración completa del sujeto para ser capaces de acercarnos a esa cultura en la que estamos sumergidos, ya sea padeciendo una enfermedad con escasos medios para su tratamiento y curación, como entendiendo las raíces del lenguaje y los conceptos utilizados para designar a cada persona o cosa, así como el poder dejar de lado, lo máximo posible, nuestras creencias y cultura y sumergirnos sin prejuicios y de forma casi virginal en ritos con un sentido y una finalidad que escapan a nuestro conocimiento o a la lógica científica que marca la cultura occidental. Para conseguir llegar a esto también es necesario el tiempo; Barley pasa dieciocho meses conviviendo con los dowayos, observándoles para intentar sacar conclusiones, siendo bastante confusas y erróneas al principio, pues observa y aplica la lógica occidental a aquello que ve. A lo largo de su estancia allí, además de la observación, suma su participación a fiestas y rituales del pueblo dowayo que, junto con las entrevistas que hace a ciertos habitantes, le permiten conseguir cada vez información más precisa. Así pues, lo que antes parecía no tener coherencia alguna, con el tiempo y el trabajo de campo, Barley consigue darle sentido y aunar conocimientos e ideas que va relacionando, llegando a entender cada vez más la cultura y la lógica dowaya.

A través de los distintos personajes que aparecen en la obra, Barley nos presenta la sociedad en la que se mueve y las diferentes interacciones que lleva a cabo con cada uno de sus componentes. Ejemplo de ello es tanto la picaresca que utiliza para conseguir ciertos permisos burocráticos con la policía o con distintas autoridades del país que funcionan de una forma muy diferente a la que él está acostumbrado, como lo es por otro lado, la cercanía y el ambiente distendido que se crea entre Mariyo (la mujer del jefe de la tribu) y él, dos personas con culturas totalmente diferentes, pero que consiguen conectar desde el principio. A pesar de sus prejuicios sobre la religión y la figura de los misioneros, consigue encontrar en ellos un sentimiento similar al afectofamiliar que, en muchos momentos, significa su salvación en situaciones de verdadero apuro o compromiso vital.

Todo ello nos hace darnos cuenta de que cada viaje nos puede sorprender; muchas veces de forma negativa hasta el punto de alcanzar la máxima desesperación y otras muchas veces de forma positiva, pues encontramos en completos desconocidos un sentimiento de amistad y familiaridad que no esperábamos y nos hace romper con prejuicios y estereotipos fijados culturalmente.

Entre anécdotas surrealistas, situaciones jocosas y momentos de desesperación, Barley consigue mostrar al lector de una forma amena y divertida lo que es el trabajo de campo de un antropólogo, además de desentrañar el complejo mundo socio-cultural del pueblo dowayo, tan complicado de comprender a veces para nosotros.

por Lucía Madrid